Tic tac, tic tac
Así suena el ritmo de los minutos y los segundos
Me preguntas si empiezo a preocuparme por el paso del tiempo
Por supuesto
Los días pasan, y van pasando uno tras otro
Sin que sienta una especial melancolía por uno de ellos
Porque llega el día en que los días se empiezan a parecer el uno al otro
en que el sabor monótono de la rutina congela la pasión derretida
Pero el tic tac del reloj de arena sigue en la misma mesa de madera
Contando para cada uno de los segundos que entra al túnel del no regreso

Tic tac, tic tac
Así suenan mis miedos cuando pienso en lo rápido que pasa el tiempo
En lo deprisa que pasa todo
En lo rápido que nos hacemos adultos
sin que nos dé tiempo a reflexionar bien lo que fuimos el día de ayer
Ese ayer de días tontos que nos parecían una eternidad de largos
En los que nos reíamos a carcajadas con comentarios estúpidos
pronunciados cada dos por tres entre las compañeras de juego
Ese ayer en los que derramar lágrimas por esos amores tontos
hasta ahora no entendidos parecía una forma de diversión

Tic tac, tic tac
Sin darme cuenta ha llegado el día en que los meses
pasan como si fueran días y los años como si fueran meses
En que el tiempo ya no dura tanto como cuando éramos pequeños
Cuando todavía pensábamos que quince ya eran muchos años
los que habíamos vivido
Sin saber que hoy exclamaríamos lo corto que son los años
y lo rápido que pasan los días monótonos de adulto.

Tic tac, tic tac
La última arena del reloj cayó
Quizás el ayer volvió a empezar
y el niño volvió a nacer.

Hay días que pienso que no te necesito
porque puedo sentirme bien y a gusto
estando conmigo misma

Qué necesidad tendría yo
de quererme ilusionar por algo tan delicado
por algo que va y viene sin rumbo fijo

Quizás es una de las muchas excusas
que me invento a veces por miedo
a perder lo que fue una vez pasión entre dos

Por qué querría yo cazar una sombra efímera
que se esfuma a las tantas de la madrugada
sin que yo le pudiese abrazar llegado el adiós

Como las gotas de la rocío
que van perdiendo su frescura antes de hora
Como los pétalos de la rosa
que no desean marchitar sin el canto de los ruiseñores
Voy perdiendo la pasión por la pasión
por culpa de esas cicatrices que no se acaban de cerrar del todo

Hay días que no quiero saber ni creer más en ti
que tú y yo iríamos por caminos bien distintos
tras haberte desmitificado de arriba abajo
Entonces la palabra amor me suena
a un eco lejano que a penas se oye bien

Lo sentía, de veras, que tú no fueras
tan dulce y tan bonito como yo te quise dibujar
y que llevaras unas espinas invisibles
con las que me podría hacer daño
cuando menos me lo esperaba y deseaba

Primero empecé a alejarme de ti
poco a poco fui olvidándome de ti
hasta hacer de ti una flor olvidada
irguiéndose entre las grietas y las hierbas
de un muro abandonado desde hace tiempo

Una mañana fresca de un día cualquiera
me pareció oír un ruiseñor canturrear
una dulce melodía que sonaba
a la resucita de una vieja pasión
sobre la barandilla de mi ventana oculta

Como una nana de la infancia
despertó aquellos recuerdos dormidos
en el fondo de un armario cerrado con candado
Entonces me di cuenta de que cometí un pecado:
olvidé que el amor es lo que da sabor a la vida.

El día que des gracias por lo que sufriste ayer, quizás ese día entenderás que todo lo que nos pasó –de bueno y malo- pasaba por alguna razón. No fueron pocos los días que nos preguntamos “¿Por qué hacemos lo que hacemos, por qué estamos donde estamos, por qué vivimos lo que vivimos…?”. No dudo que los que creen y los que no creen en el destino se les haya cruzado alguna vez por la mente la idea de que “quizás todo ya estaba escrito en algún lugar mucho antes”. Quizás el guión ya nos fue repartido mucho antes de nacer. Esa estrella entre millones de estrellas que vemos brillar en lo alto, con la que nos sentimos identificados alguna vez, podría tratarse de ese ego nuestro, perecido y renacido una infinidad de veces, que ahora se encuentra esparcido dentro del universo convertido casi en nadería. ¿Es ese el orden de las cosas que existen dentro del conjunto que llamamos cosmos? ¿Debería creer que detrás de mi vida hay una rueda invisible que lo mueve todo, la rueda del principio y del fin -si es que hay principio y fin-? ¿Qué decir de las líneas de la mano donde creo leer mi vida y lo que me queda por vivir?
Cierto, mi vida es mi vida y lo que me pasa me hace ser yo. Pero me gusta pensar que todo pasa por alguna razón –por pequeña u obvia que fuera-, como el ayer pasó para ser hoy. Me pude haber equivocado en alguna decisión, me puedo arrepentir de algo que no hice, pero he elegido dar gracias por lo que viví ayer, antes de ayer, o incluso mucho antes. Porque sin ellos no tendría las reflexiones ni las conclusiones de hoy.

Pensamiento que aterriza, pensamiento que vuela al instante. Nada permanece en el aire más de lo que desearíamos, como todo en esta vida tiene su tiempo marcado. La llegada de ese tan esperado invitado especial nuestro, llamado inspiración, es irresistible. Por él, dejamos de lado todo lo que tengamos entre mano en ese momento. Porque los momentos llegan, se escapan y no se dejan atrapar por mucho que quisiéramos.
Ella, igual que muchos de nosotros aspira a ser libre. La libertad le permite visitarnos cuando a ella le apetezca y crea conveniente. Libertad, una palabra bonita y anhelada, reino donde habitan las cosas más bellas del universo, del que tanto en tanto van cayéndose lluvias de luces que iluminan nuestra mente e imaginación. Quizás eso es lo que llaman la inspiración divina. Sin duda, una sensación divina.

Nunca antes había sentido que una brisa, impregnada de primavera y verano, supiera a tal frescura tierna de antes de atardecer.

Estaba sentada en mi habitación meditando y ordenando mis meditaciones. De repente una corriente de aire atravesó por mi ventana como si viniera a depositar una acaricia con sabor a rosa en mi rostro. Su frescor me despertó de un estado de sueño prolongado. Seguí sus huellas frescas en búsqueda de esa sensación de frescura. Como si hubiera detrás un aire mágico que sale de la tetera de Aladín, me encontré transportada a otro lugar.
Desde el balcón de mi casa saboreaba esos momentos brindados por esa brisa que sólo pasaba por allí aquella tarde. Cerré mis ojos. Sentí que ella ya no estaba. Se fue tal como vino, sin avisar y sin despedirse de nadie. ¿Qué o quién podría añorar una corriente de aire? Una especie de nostalgia, una nostalgia familiar, me abrió los ojos. Corrí a la habitación para anotar ese sentimiento nostálgico.

Y así nació un pequeño texto dedicado a una sensación, provocada por una brisa, de entre primavera y verano, que será recordada.

Caminos rectos, caminos curvados y otros sin salida
Vueltas y más vueltas para empezar de nuevo
O para acabar siempre en el mismo punto
Cada paso que doy, es como si fuera el primero
Como si nunca hubiera andado con los pies descalzos
Al lado de la orilla, a los pies de las montañas o en el desierto

Con una mochila cargada de ilusiones y unas sandalias sin coser
Salí corriendo de casa a la caza de nuevas aventuras
Que me esperaban ser rescatadas de sus sueños milenarios
Había visionado ver las estrellas tímidas al anochecer
Tumbada entre un laberinto de dunas cerca del mar
Había soñado con oír los silbidos de los ruiseñores al amanecer
Despertándome sonriendo junto a un campo de amapolas
Había creído que estaba emprendiendo el viaje de mi vida
En búsqueda de la verdad, y de sus tesoros escondidos
Que una vez encontrados volaría libre como una mariposa

Si me preguntas cuál es el tesoro que he encontrado
A lo largo de este tiempo, te lo diré
El sabor de las palabras
¿A qué saben las palabras?
Saben a vida, la vida que es vivida, cuyos secretos no se pasan
De pueblo en pueblo, ni de padre a hijo, ni de marido a mujer,
Son aquellos susurros que oyes cuando derramas lágrimas
lágrimas que se convierten en tinta de las hojas de papel
Hojas mojadas de palabras, que luego las llamas moralejas
Un precioso regalo de la vida y el premio de tanto andar

La historia de un hombre, de una mujer, de un niño, de ti o de mí
Es una historia interminable sobre sentimientos, emociones, sensaciones
Que no cambian a pesar de que en el mismo río ya no fluye el mismo agua
Y que en el lago ya no se ven las peces a través de su azul turquesa

Cinco mil años después llega el renacimiento del mismo poema
Quién sabe si es resucitado por las piedras del bosque o las hojas
Que en él habitan o por otro que anda sobre las mismas huellas

Hacía muchos días que no pensaba en ti
Llegué a sentirme aliviada al pensar que te borré de mi vida
Pero volví a caer en la trampa de los recuerdos
me dejé llevar por la tentación de recordar tus gestos, las risas de tu cara,
la manera cómo me mirabas mientras comía una madalena de arándanos
Sabía que te apetecía mucho con tu dedo quitarme el trocito restante
de dulces en una esquina de mi boca
Pero preferiste con una sonrisa disimular lo visto
Después me daba cuenta de ello y
cuando llegaba a casa me enfadaba como una niña pequeña
porque no hiciste lo que quisiste en ese momento
Si algo de mí que te atraía era mi espontaneidad
no entendía cómo podías estar tanto rato observando mi naturalidad
sin haber sido nunca contagiado ni un ápice

Desde el primer día supe que éramos muy diferentes
Decidí no verte ni escucharte más porque presentía que era difícil
construir un puente entre dos mundos bien distintos
Los esfuerzos terminarían en ruinas de un castillo sin acabar
Pero los dos éramos tozudos
quisimos por lo menos haberlo intentado
En el aire se quedó ese intento de un nuevo castillo
Era tan débil que se lo llevaba el viento en un día cualquiera
Desde entonces no te veo, y no sé nada de ti
A veces antes de acostarme me acuerdo de ti
Y me pregunto cómo te encuentras,
si las cosas te van tan bien como tu querías
Sé que te esfuerzas por tus sueños
y realmente deseo que te fueran muy bien

Es difícil decir si alguna vez nos hemos gustado de verdad
Porque los dos creíamos que el otro era lo que creíamos que era
En una discusión nos llegamos a conocer un poco mejor
Entonces pensamos lo mismo: tú no eres tú
Mejor dicho tú siempre has sido tú sólo que yo no lo sabía
Me animabas a escribir, a seguir creando cuando lo pasaba mal
Te estaba agradecida y todavía quiero darte las gracias debidamente
Pensaba que lo que más te gustaba de mí era lo que escribía
y que me entendías
Desde entonces vi en ti una idealización de tu persona
Por amor a mis escritos cambié el castillo de arena por unas ilusiones de adolescente
Un día despertamos
Me dijiste que nos equivocamos, que era mejor ir cada uno por su camino
Me pareció buena tu decisión y creo que hiciste lo correcto
Si me preguntas si alguna vez te echo de menos, no te diré que no

Anoche tuve un sueño raro
Te vi cenando con otra chica en un restaurante
El día de tu cumpleaños
Ella tenía el pelo corto y unos ojos bien grandes, una niña mona
Hacíais muy buena pareja juntos
Os miraba desde lejos en una esquina, luego me acerqué
Me mirabas sin decirme nada y con cierta indiferencia
Justo en aquel momento me desperté del sueño
Quizás me avisaba de no verte otra vez
Pero sólo quería decirte que estás más delgado que antes

¿Existe justicia social? La justicia social es un concepto teórico y habita en la utopía. Cada vez entiendo mejor porque muchos optaron por ser comunistas, porque muchos estaban desesperados por ver un mundo mejor. El tiempo mostró que no era viable porque la naturaleza del ser humano desde ya hacía tiempo evolucionó hacia todos los extremos posibles. Nuestro tiempo, nuestro momento histórico, nuestros hombres están atravesando su peor crisis que no se soluciona ni con el avance tecnológico ni los ajustes económicos: que es la crisis moral. Toda decadencia se empieza por una raíz común que es la pérdida de valores en los seres humanos.
Dicen que dónde existe moral no hace faltan las leyes, donde existe amor no hace falta la moral. Hay demasiado veneno en el aire que respiramos cada día. El veneno ha entrado en el cuerpo de muchos hombres menguando su sensibilidad ante la belleza y la bondad. La contaminación también mermó su capacidad para amar a su entorno y a los que le rodean.
En un peldaño de la librería Shakespeare and Co. en París hay grabada la frase: “Live for humanity”. Pero el “Live” no tiene sentido sin el “Love”.

“¡Llora! No te avergüences de confesar que me has querido un poco.” El tiempo es testigo de cuánto me has querido, es también el que te llevó a otro lugar, llamado olvido, y a los brazos de otra mujer, dejándome a mí una bolsa llena de suspiros escritos sobre los poemas de Bécquer.

Las finas gotas caen sobre mi rostro
llevándose el polvo de ayer en mi cuerpo,
olvidado en un rincón por el paso del tiempo
y abandonado por sus minutos y sus segundos.

Me pareció ver tu sombra en una esquina
Corrí hacia allí. Pero la encontré bien vacía.
Observaba los pequeños ríos cerca de la acera
Y me preguntaba si seguían tus pasos al alejarse.

El viento me devolvió el eco del pasado.
Los días de lluvia me cogías de la mano y te echabas a correr.
Te decía “Para, todavía quiero saborear la lluvia besando mi cara
al caer y quiero que acaricie mi pelo con sus gotas nocturnas.”

“Me gusta verte así bajo la lluvia, me gusta contar los segundos
que tardan esas gotas en deslizarse hasta llegar a tu cuello.”
En tus brazos y en el susurro de tus palabras me sentía bien arropada
y notaba una lluvia de romanticismo regando mi rostro con un tierno beso.

Entonces rezaba por ver pasar una estrella fugaz bajo una noche de lluvia.
Deseaba que el tiempo fuera congelado sobre ese efímero instante.
La estrella no apareció.
Pero la lluvia volvió a regar sobre mi rostro. Sus gotas al deslizarse
borraron tras de sí todos los recuerdos de una noche de lluvia sin estrella fugaz.